Era el 13 de abril del año 2005 en el interior de la Catedral de San Juan Bautista en Turín, Italia. Me encontraba frente a la nueva capilla de la Síndone situada en la nave izquierda de la Catedral. Se encuentra cerrada conteniendo el objeto más valioso sobre la Tierra, la Sábana Santa de Jesucristo, en un sofisticado estuche con clima regulado por computadora. Detrás de unas puertas con vidrio no se distinguen detalles del estuche ya que se encuentra cubierto por una gruesa tela. Encima de él se puede ver una amplificación del Rostro original iluminado, como de un metro de altura. Se aprecia movimiento de las cortinas recogidas, como si hubiese alguna ventilación. En la parte superior de las puertas con vidrio, cerca del techo, tanto por dentro como por fuera están adaptados algunos aparatos, que tal vez tengan que ver con la seguridad. El estuche o vitrina que alberga a la Síndone es de aluminio con vidrio.
Entrando a la catedral de San Juan Bautista se encuentra en exhibición una réplica rígida de la Síndone en forma horizontal, algo menor que su tamaño natural. La sostiene una estructura tubular negra con soporte para cinco o seis reflectores que iluminan la réplica como se acostumbra con los cuadros famosos en los museos. Debajo de ésta, se encuentran los negativos fotográficos de la figura frontal y la dorsal respectivamente, también de un tamaño menor al natural sostenidos por triángulos laterales, transparentes, fijados a los mismos.
En un reclinatorio frente al vidrio que protege a la Síndone, encontramos una oración en diferentes idiomas para rezar. En español dice así: “Oh Dios, Padre nuestro, la imagen de la Sábana Santa nos remite a los sufrimientos causados a Tu Hijo, Jesús, que ha recibido los dolores de todos los hombres. Haz que sepamos verlo en cada hombre, para servirlo y anunciar su amor. Y danos a todos la felicidad de contemplar el rostro resplandeciente de Jesús resurgido, que contigo vive y reina en los siglos de los siglos. Amén.” Ahora lea la oración en italiano: “O Signore, credo che hai sofferto tanto per amore nostro, che non potevi amarci di piu. O Signore, abbi pietà di noi peccatore.” Les tocó menos...
Cerca de la réplica de la Síndone se encuentra un cartelón invitando a las personas que deseen saber más sobre ella, a visitar el Museo de la Síndone. El Museo también se ubica en Turín, a unas cinco calles de la Catedral, en Vía San Domenico 28. Fue fundado en 1936 por la Hermandad del Lienzo de Turín, y desde 1998 tiene una nueva ubicación en la cripta de la iglesia de la Santísima Síndone, que se halla sobre el museo. En la iglesia ocupa un lugar principal, detrás del altar, una réplica de la Síndone en tamaño natural colocada horizontalmente e iluminada con luz desde atrás. Es un museo único en su género, con guías personales para el recorrido, prestando unas hojas explicativas a escoger en varios idiomas. Esto en sustitución de unos audio casetes que por ese momento no podían ser utilizados. Como introducción le pasan al visitante un video en el idioma que se solicite, y así saber cómo leer la Sábana Santa. Alberga muchos objetos relacionados con la historia y los estudios que se le han practicado. De ninguna manera es una colección completa, habiendo tantísima información, la selección que decidieron es mucho muy limitada y parcial, pero “en el país de los ciegos el tuerto es rey”. Con tan pocos museos agradecemos todo lo que exhiban. Una pieza estelar es la cámara fotográfica que utilizó Secondo Pia para la primera fotografía. Otra pieza que llama la atención es la escultura de media Síndone en braille. La mitad de la imagen frontal, hecha para invidentes, de suerte que al recorrerla con las manos la persona invidente y la vidente igualmente puede palpar por ejemplo los regueros de sangre como marcas realzadas. Viene siendo la imagen de Jesucristo realzada en bulto, en tercera dimensión.
Durante el recorrido se pueden apreciar en las paredes y techo del museo, diferentes representaciones artísticas que fueron realizadas según obras de pintura famosas, sobre el sufrimiento y muerte de Jesucristo. La entrada cuesta Euros 5.50 (unos $82.50) y mencionando que formo parte del Centro Mexicano de Sindonología, solamente pagué Euros 4.50, $15.- menos.
Llama la atención que el guía que me tocó ni estaba enterado de los hallazgos más recientes sobre los hilos de la tela de la muestra que sirvió para la prueba de Carbono 14, ni se atrevía a declarar que la Síndone es auténtica. Me gustaría que fueran sindonólogos convencidos los guías del museo, para tantos visitantes de todo el mundo que quisieran encontrar más entusiasmo en su visita. Parece que lo que más les importa a las personas a cargo del museo y la tienda es cuánto compra el visitante de material. Me impresionó la cantidad de diferentes libros en diferentes idiomas que tienen a la venta. Para los lectores interesados que deseen adquirir los libros más recientes les compartimos el buzón electrónico del museo: museo@sindone.it. Y su página en Internet: http://www.sindone.it.
Saliendo de la catedral podemos observar un anuncio acerca de la restauración de la plaza, que durará un año e incluirá unas protecciones como pequeñas columnas que delimitarán la zona por donde cruza el tranvía. Actualmente una persona que no oiga bien se puede llevar un gran susto, cuando vea aproximarse un tranvía que puede matarle si el conductor no frena a tiempo.
Es muy notable la observación de que tal parece que en Turín no valoran el tesoro infinito que tienen.
Como contraste me tocó vivir, unos días antes, unas demostraciones rebosantes de calor humano por cientos de miles de jóvenes de muchos países, cantando llenos de fe rindiéndole tributo al recién fallecido papa Juan Pablo II. Jesucristo murió por cada uno de nosotros, sufrió concientemente para reconciliarnos con el Padre, nos envió su Espíritu, nos amó como nadie nos ha amado, nos hizo a imagen y semejanza de Dios, nos enseñó a amar, nos reveló la Sabiduría del Padre, nos espera. En la Sábana Santa nos dejó escrito su Amor por nosotros con su Sangre, unas novecientas heridas con las que pagó nuestra deuda, y su Resurrección le identifica como Dios. Si en Turín no valoran a la Síndone, ¿no deberían de quitársela? Pero…¿dónde la valorarían como se merece? ¿En Roma? ¿En México? ¿Habrá un lugar, un solo lugar? ¿Poza Rica, Veracruz?
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