Nuestro amigo sindonólogo Jesús Hernández descubrió una festividad desconcertante en el "Calendario de Galván” de 1999. Se trata del día 5 de marzo, dedicado a la Sábana Santa. Solamente conocíamos la festividad del 4 de mayo, (un día después de la “Invención de la Cruz”), que fue aprobada en 1506 por el papa Julio II.
Al buscar información en el internet sobre el sindonólogo Paul Vignon, encontramos casualmente información interesante: Esta información se encuentra en “La Enciclopedia Católica”, editada en 1913 (!) y que se está capturando al internet actualmente. La dirección de la información comentada es “http://www.knight.org/advent/cathen/15652a.htm”
Aparte de la festividad reconocida del 4 de mayo, que se originó alrededor del año de 1495 en Chambery, en Saboya, para honrar a la síndone, que llegó en 1432 de Lirey, se conocen otras dos. Una, que tiene su origen en el año de 1206, cuando llevó Otto de la Roche la envoltura sepulcral de Jesucristo a Besancon, y fue ordenado conmemorar la llegada (Susceptio) con la festividad del 11 de julio.
La segunda, el cuarto domingo de Cuaresma (traslado a un nuevo santuario en 1092), fue guardada en la Edad Media en Compiegne, Francia, en honor de una sábana llevada ahí, proveniente de Aachen, Alemania, en el año de 877. La festividad, que desde 1831 está contenida en el apéndice del Breviario, el viernes después del segundo domingo de Cuaresma, es independiente de cualquier reliquia en particular, pero antes de 1831 raramente se encontraba en los calendarios diocesanos. No ha encontrado su camino al Ordo de Baltimore. El oficio fue tomado del Propio de Turín.
El viernes después del segundo domingo de Cuaresma cae en el 5 de marzo en el año de 1999 y por lo mismo es fiesta movible. Parece que en el “Calendario de Galván” seleccionaron una festividad impropia para la Sábana Santa de Turín.
Después de enterarnos de las tres festividades, consultamos el tema de la Sábana Santa (de Turín) en la misma “Enciclopedia Católica” de 1913. Curiosamente, la información está muy influenciada de la teoría de Paul Vignon, que mantiene que la “impresión” de la Sábana era una “vaporigrafía”, causada por las emanaciones amoniacales que radiaron de la superficie del cuerpo de Jesucristo después de una muerte tan violenta. Las huellas, que variaban en intensidad según la distancia, se grabarían en una tela impregnada con aceite y áloes como un negativo natural. (¡Qué obsoleta se lee esta información después de ochenta y seis años, cuando se habla de dos procesos; de la transferencia de los coágulos del cadáver a la síndone y de la deshidratación y oxidación de las fibrillas más superficiales de la Sábana, debidas a una radiación de desmaterialización, ortogonal, que plasmó una imagen en negativo con información tridimensional)
De acuerdo a esos tiempos, a la síndone todavía le llamaban “sudario”, sospechando que las huellas se debieron al sudor de Jesucristo.
En la misma “Enciclopedia Católica” de 1913 se mencionan también varias sábanas (copias), que pretendían ser la auténtica. Las más notables: la de Besancon, la de Cadouin, la de Champiegne y la de Xabregas. Podemos leer cómo les ocupaba en aquel entonces la reciente primera fotografía de la síndone en 1898 y la tan recurrente hipótesis de que se trata de una pintura (descartada definitivamente en 1978)
Esperamos que para la nueva edición del año 2000, el editor del “Calendario de Galván” haya rectificado la fecha del viernes después del segundo domingo de Cuaresma como festividad para la Sábana Santa de Turín.
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